viernes, 20 de enero de 2012

TARTARIN MOREIRA -Aquellas Canciones

Tranvia Parque de Berrio 1947. Medellín.

Todo pasajero debe llevar exacto el valor de su tiquete; el motorista no esta obligado a devolver ni a cambiar dinero.
Al llegar al término de un viaje, los pasajeros que deseen regresar en el mismo carro pagarán nuevamente su pasaje, antes de que el motorista admita nuevos pasajeros en el carro.

LADO 1
1. AMARGURA  Libardo Parra T. • Ed. V. Malderen PEDRO VARGAS
2. EMBRIAGUEZ DE LLANTO Libardo Parra T. MAGALDI-NODA con Guitarras
3. TRISTE OFRENDA  Libardo Parra T. • G. Benftez MARGARITA CUETO -EVARISTO FLORES
4. POR ELLA  Libardo Parra T. - Magaldi-Noda  LUIS VALENTE con Mandolina y guitarras
5. MI PORTEÑITA  Libardo Parra T. - Mauricio Valenzuela ACOSTA -VILLAFAÑE con Guitarras
6. ROSARIO DE BESOS  Libardo Parra T. - Francisco Paredes H. VALENTE Y CACERES con Orq. Típica

LADO 2
1. DOLOR SIN NOMBRE Libardo Parra T. - Jorge Molina OBDULIO Y JULIAN con Jaime Llano al Órgano y su Conjunto
2. SON DE CAMPANAS  Libardo Parra T. -Carlos Vieco O. AGUSTIN MAGALDI con Guitarras
3. SEPARACION  Libardo Parra T. -A. Alzate G. OSPINA Y MARTINEZ
4. MALDITOS CELOS Libardo Parra T.  HUGO DEL CARRIL con Guitarras
5. ES MEJOR QUE NO VUELVAS Libardo Parra T. - Camilo García DUETO DE ANTAÑO y Conj. de Guitarras
6. AMOR Y DOLOR Libardo Parra T.  OBDULIO SANCHEZ y Conj, Luis Uribe B.

Se hizo especialmente para este disco la grabación de AMOR Y DOLOR.

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AMARGURA


TRISTE OFRENDA


SEPARACION


Son pocos los hombres que han llegado a identificarse tan absolutamente con el ambiente en que les tocó actuar y vivir, y ser al mismo tiempo uno solo, inconfundible y aislado dentro de ese mismo ambiente, como Libardo Parra Toro (Tartarín Moreira), poeta y músico antioqueño nacido en Valparaíso (Antioquia), educado en Andes, "hecho" en Medellín y en Medellín mismo fallecido en la madrugada del 1º de noviembre de 1954, en olor de bohemia musical y apasionada, precisamente cuando en un establecimiento de cantina caía también, abatido por un balazo, un cantante joven que se disponía a llevar al disco algunos de sus más famosos números románticos: Lucho Vásquez.

El seudónimo que adoptó para sus escritos sentimentales Libardo Parra Toro —para los humorísticos usó el de Doctor Barrabás— nació de una novela de Soiza Reilly titulada "La Ciudad de los Locos". Y cuentan los que supieron de aquello, que durante el tiempo en que perdió la razón y tuvo que internarse en el Manicomio Departamental, tuvo las mismas manías del extraño personaje protagonista de ese libro: Tartarín Moreira.
Soiza Reilly era tenido como el gran cronista de la época. Sus Reportajes en "Caras y Caretas" servían de modelo a los jóvenes periodistas de Colombia, y desde luego Tartarín también hizo del famoso escritor argentino uno de sus patrones.

Medellín vivía entonces una intensa vida literaria. En la tertulia del Negro Cano. Alrededor de las mesas del café La Bastilla, en Junín; o en el "Blumen"; o en el Chan-tecler casi al frente donde tocaba Gonzalo Vidal, o en el Cádiz, alternaban el "papá" de la novela nacional, Tomás Carrasquilla, don Efe Gómez y Horacio Franco, —el ayer y el hoy de la literatura local— y en El Globo, en el marco del Parque de Berrío, "Los Panidas".

Estos "Panidas", que según parece sumaron trece en total, llegaron a ser en su mayor parte grandes figuras de las letras criollas. Allí estaban el poeta León de Greiff, el filósofo Fernando González, el caricaturista Ricardo Rendón, Teodomiro Isaza, Rafael Jaramillo Arango, José Manuel Mora Vásquez, Bernardo Martínez Toro, Pepe Mejía, arquitecto y dibujante, Jorge Villa Carrasquilla, y Libardo (Tartarín), el menor del grupo, con apenas 18 años a cuestas.

Eran aterradores "Los Panidas".

Especie de "nadaístas" de aquellos días.

Se aseguraba de ellos que tenían un pacto secreto para autoeliminarse por riguroso turno —tres o cuatro lo hicieron efectivamente— y se rumoraba que sus reuniones eran verdaderos aquelarres, con ensayos espiritistas, desafío a las buenas costumbres y todo lo demás.

Lo mismo, exactamente, que "La Gruta Simbólica" de Bogotá.

Ni tanto, en lo efectivo. Lo que pasaba era que gustaba celebrar con libaciones generosas la aparición de su revista oficial. Y hacían mucho escándalo, de pura "bulla", crecido por las pacatas costumbres de la época.

Medellín era más lindo y cordial cuanto menores eran sus complicaciones modernistas.

Y en sus tertulias y amanecidas, Pelón Santamaría y Manuel "Blumen" y Augusto Trespalacios; Obdulio y Julián, que apenas nacían a la gloria bambuquera; "Silga" Ríos y Miguel Angel Trespalacios y Samuel Martínez, cantaban bambucos, pasillos y danzas de estreno que culminaron como páginas clásicas del cancionero criollo, y que acompañaban el piano de Fernando Molina, la bandola de Nano Pasos o la "jazz" de Nicolás Torres.

Tiempos felices aquellos del Medellín de los veintes, cuando se podía trasnochar al aire libre tranquilamente, y beber en la aurora un aliento mañanero sano y cordial, sin humo industrial, frente a un silencio resquebrajado apenas, de cuando en cuando, por el cascabeleo de los coches de caballos.

Como si fueran de aquí, se cantaban los bambucos y las claves yucatecas de Palmerín y de Guty Cárdenas, y de "Blanco y Negro" o de "Sábado", de "Caras y Caretas" o de "Cromos", se recortaban versos de amor para convertirlos en melodías de claro sabor serenatero.

Así nacieron, "Mañana de Primavera" con letra de Juan Ramón Jiménez y "Te Fuiste" y "Desde Aquel Día" (Ausencia) de Ortiz de Pinedo, y "Acuérdate de Mí", de Abel Fariña y Mussete... y muchos otros.

Sólo con carácter excepcional ocurría el encuentro de un poeta y de un compositor como mutuos colaboradores; casos, por ejemplo, como los de Benedicto Uribe y "Blumen", o León Zafir y Carlos Vieco.

Dentro de ese ambiente, Tartarín se convirtió en el primer letrista, propiamente dicho que tuvo Antioquia. Y uno de los primeros con que contó Colombia. Un hombre que construía versos, pensando, simultáneamente, en que ellos se convertirían en canciones. Por encargo a veces, a veces por cuenta propia, y a veces también para adobarlos a su misma producción musical, para hacer en el tiple la melodía y lograr músicas de una belleza y expresión tales, que de haber persistido hubiera sido una especie de Guty Cárdenas o de Agustín Lara de la canción colombiana. Lo comprueban: "Embriaguez de Llanto" y "Qué Puedo Hacer yo Dios mío".

Se incorporó también al teatro, y montó con la colaboración de Roberto Crespo, y con destino a la compañía de Marina Uguetti, una revista cómico-musical, "Medellín al Día", para la cual adaptó una letra a cierta vieja y olvidada habanera cubana que llegó así a convertirse en una canción clásica de Colombia. "Mi Ranchito", o "Arriba Entre los Maizales".

Sin embargo, Tartarín se quedó al fin y al cabo en "poeta menor".

Aferrado a su bohemia, fue metiéndose en Medellín y en sus noches hasta confundirse con ellas.

Los años del medio siglo, que fueron también los de "su" medio siglo, nos hallaron compartiendo con el atardecer de su carrera vital, en musicales atardeceres en el bario de La Toma, en "El Hoyo de Misiá Rafaela", exactamente, desde donde divisábamos la placita de Boston empapada en recuerdos y poblada de ventanitas novieras.

Era ya una leyenda viva, enfundada, como en sus tiempos juveniles, en un atuendo que desafiaba la lógica de los colores y la complacencia burguesa.

Erguido, susurrando más que conversando, sobre anécdotas de las horas pasadas. -En su tiple entre tanto, los bambucos renacían, retozaban y vestían como él de colores vivos.

Nos acompañaron muchas tardes, entonces, Obdulio y Julián, sus intérpretes favoritos, y Gabriel Cuartas Franco.

Fue cuando a ellos enseñó "Dolor sin Nombre".

Sobre este bambuco han corrido multitud de versiones y diretes que vale la pena rectificar de una vez.

"El Trapiche" o "La Rueca", como se le conocía, era una vieja melodía que Tartarín aprendió en Pereira —y que según se afirma es original de Jorge Molina—, en sus tertulias inolvidables con Luis Carlos González y Raúl Echeverri, dos de sus amigos del alma. A solicitud nuestra y con destino a una grabación de Obdulio y Julián, que por cierto él mismo acompañó al tiple, le agregó dos estrofas en las cuales tuvo el cuidado y el acierto de mantener igual ambiente que en las originales. Y adaptó la música al estilo bambuquero en boga.

Fue así como se acreditó en los sellos —arreglo de Tartarín Moreira— y si posteriormente se le atribuyó a él la totalidad de la paternidad de esa canción fue contra su venia y sin su conocimiento.

Menos todavía lo que se asegura que la hizo en homenaje a su hijo muerto.

Tardes antiguas con Tartarín como aquellas que vivieron los contertulios del andén de "La Macarena" en Envigado, cuando se trenzaba en cordiales retos juglarescos con otro gran poeta de su misma escuela: "Santiago Vélez Escobar (El Caratejo). Y se poblaban los aires con las notas nostálgicas de sus tiples querendones.

Lo complacía la forma como Pedro Vargas Interpretó el tango "Amargura", cuya letra adaptó a una antigua música francesa —"Tango del Ensueño"—; y la versión que hizo Hugo del Carril de "Malditos Celos". Nos contó cómo "Son de Campanas" y "En la Calle" y "Montañerita Mía" fueron destinados inicialmente para Gardel, pero la muerte del zorzal truncó los proyectos de su amigo y protector, Félix de Bedout, quien los hizo entregar entonces a Magaldi. Consideraba que '"Amor y Dolor" era una de sus mejores canciones, y repetía que le hubiera gustado colaborar más con Paredes Herrera —de su gran preferencia— una de cuyas músicas sirvió para "Rosario de Besos", éxito tremendo que en un momento dado tarareó Colombia entera.

Abjuró de los cenáculos intelectuales. Le gustaba ser eso no más: un "poeta menor", aunque algunos de sus poemas, como "Por la abierta ventana", laureado en célebre concurso, tuviera fuerza lírica "mayor". Como la tiene también una de sus últimas obras, "Barrio Triste" que fue poco apreciada por el encasillamiento en "lo popular" a que lo habían condenado. Este poema fue el principio de una especie de "Suite Poética" sobre los barrios medellinenses, que tanto quería y conocía.

Este álbum paga una deuda que habíamos contraído con el recuerdo de quien tuvo tan intensa significación en el Medellín de las canciones; el Medellín pobre y amoroso de nuestra juventud.

Apenas encierra algunos de sus aspectos de letrista y de músico, cuya totalidad llenaría muchos volúmenes. Y la presencia de varias de las voces que él amó y que han llevado, junto al cordaje de los tiples y de las guitarras nocheras, ese cancionero de Tartarín, enamorado y simple como el pueblo que lo ensalzó y que lo quiso tanto, además de algunos célebres intérpretes internacionales que contribuyeron a su gloría.

De quien vivió la vida gemela de su mundo poético, desigual, manirroto y solitario, enfebrecido de humanidad, elemental y sonoro, como el tiplecito de las tardes de La Toma.

Hernán Restrepo Duque

4 comentarios:

  1. Quisiera escuchar musica del trio serenata.

    Gracias

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  2. ¿Donde pudiera encontrar mas canciones?
    Muchas gracias por el blog :)

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  3. Que emoción encontrar información de Tartarin, el tío de mi abuela, hace bastantes años no encontré mucho, ahora con este blog me dirijo a leerla a mi abuela. Muchas gracias.

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  4. Que contenido tan interesante.Dios le pague

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