domingo, 7 de noviembre de 2010

LUCIANO Y CONCHOLON - Homenaje a Pelón y Marín.

Inaguracion del Ferrocarril de Antioquia.

En la portada fotos de: Antiguo paseo La Playa Esquina del Café Inglés. Teatro Bolívar Calle Colombia • Parque de Bolívar




LADO 1
EL ENTERRADOR - Bambuco Carlos Romero
FLORES DE MAYO – Pasillo   Del Folklore
RUMORES - Bambuco E. Echeverría - A. Escobar
IDILIOS – Bambuco  Gonzalo Rendón - Luciano Bravo
BARCAROLA - Danza E. Cadavid - E. Echeverría
POR EL SENDERITO - Danza M. Vásquez Arrubla - A. Wills

LADO 2
DOS FLORES - Bambuco Jorge Rubiano
LAS CAMPANAS DEL OLVIDO • Bambuco Del Folklore
DULCE OLVIDO - Pasillo Francisco Bravo - Luciano Bravo
NOCHE DE LUNA - Pasillo Del Folklore
FLORIDA JUVENTUD - Pasillo C. Espinosa Obando - Alejandro Wills
OJOS FASCINADORES - Bambuco Jorge Rubiano r





EL ENTERRADOR


CAMPANAS DEL OLVIDO


DULCE OLVIDO







Ni las fotos ni las canciones pertenecen todas a la ¿poca de Pelón y Marín - Medellin 1900 pero el espíritu es el que animaba las noches parranderas de aquellos tiempos en la capital antioqueña.

Pelón y Marín, fueron los serenateros por excelencia de principios de siglo en Medellín.

Y serenatero fue para ellos, y lo es para los de ahora que tienen conciencia de su profesión y quieren sus canciones, adjetivo que honra y que califica exactamente su situación en la historia de la música terrígena.

Para un noventa por ciento de quienes poseen este disco, Pelón y Marín son solo una referencia. El principio de un recuerdo. La evocación del abuelo octogenario.

Pelón fue el apelativo familiar de un hombre que nació en Santa Marta y a quien trajo a Medellín a la edad de 11 años el liberto Escolástico Velásquez encargado por su antiguo amo, el párroco de Gaira, de darle cría y de enrutarlo en la vida. Pedro León Franco se llamaba realmente. Se hizo obrero de sastrería y aprendió a tocar la guitarra y a acompañar con ella su buena voz, en canciones con las cuales enamoró a Rita Rave, quien le dio un hijo de nombre León, después de tres anteriores.

León se hizo cantor como su padre. Y acompañaba a su padre en serenatas y festejos. Heredó de él también la profesión de sastre y el sobrenombre, "Pelón". Y por medio suyo se hizo amigo de los grandes de la canción de entonces, Clímaco Vergara y Germán Benítez, a quienes acompañaba también en jolgorios y amanecidas

De regreso de Cali, Pelón trajo el tiple y el bambuco, en 1893 a Medellín. Y logró cantar a dúo con el más famoso de los intérpretes criollos del momento: Roberto Mesa. Otro prestigioso profesional del canto, Germán Benítez, le aceptó también como pareja. Pero su triunfo esplendente, total, llegó cuando, por casualidad, descubrió que uno de sus compañeros en el taller de sastrería, Adolfo Marín, le hacía magnífico dúo.

Y vivieron entonces las noches medellinenses, eso que hemos dado en llamar "los tiempos de Pelón y Marín", cuyo espíritu evocan en este disco las voces imperiales de Luciano y Concholón. Desde la noche de su debut en el Tander Club y en el Club Unión se convirtieron en los favoritos de la sociedad medellinense. En la pareja que imponía las nuevas canciones. Y en los más aristocráticos serenateros del momento.

Un día el 5 de diciembre de 1905, se fueron a una "fiestecita" en Sopetrán. Pero estaban hambrientos de caminos. Y solo 11 años después, el 17 de diciembre de 1916, volvieron las casas de ventanas arrodilladas del viejo Medellín, a ver la alta figura del cantor inolvidable, que venia de regreso del extranjero.

Aquellos 11 años fueron de odisea para Pelón, Marín y el bambuco. Fueron a Cuba, y de Cuba a Yucatán, en donde sembraron una semilla bambuquera que fructificó en las melodías de Guty Cárdenas y de Ricardo Palmerin. Actuaron en la capital, y en la ciudad de México Adolfo Marín enamoró a una antigua tiple de ópera Abigail Rojas, quien los relacionó con el maestro Lerdo de Tejada y logró que grabaran discos en la Columbia. Fueron los primeros bambucos que se grabaron en el mundo.

Pelón y Marin popularizaron el remoquete de Los Trovadores Colombianos. Y cuando Marín resolvió quedarse en México, en donde se hizo rico años más tarde haciendo uniformes militares. León Franco lo usó con otros cantores en Centro America.

Inspiraron Pelón y Marín, interesantes páginas literarias.

Rafael Arévalo Martínez íntimo amigo de Porfirio Barba Jacob, le dedicó un cuento, con nombre propio, a León Franco. Es una secuencia de aquella famosa novelita, "El Hombre que Parecía Un Caballo", que hizo en honor y sobre la figura del poeta. Se llama "El Trovador Colombiano" y son de ella estos párrafos que indican hasta donde llegó Pelón con sus bambucos al sentir del pueblo guatemalteco.

"No había dicho nada, todavía, de los cantos de Franco. Franco era un buen perro grueso que se había tragado un jilguero. Cuando llegó a la ciudad los periódicos anunciaron las próximas actuaciones teatrales de dos trovadores colombianos. Franco era uno de ellos. Divina Colombia, madre Atenas, nuestra, que en la época moderna y en este nuevo mundo, haces una frase de ironía ática de la vida, te vengas con un chiste de tus malos gobernantes y tienes ya música americana y literatura americana! Aquellos dos enviados de los melancólicos bambucos, nos hicieron sonreír y nos hicieron llorar. Franco era uno de ellos. Su compañero estaba en segunda línea; posterguémoslo aún más en nuestra historia; casó con una viuda rica el pobre... En cuanto a Franco, Franco, el gran Franco, salía a las escenas, de frac sin arrugas y de pechera inmaculada. Parecía un perro sabio. Y cantaba: el jilguero que se había tragado le sonaba, detenido en la garganta: su voz ronca, educada en las cantinelas familiares ante las ventanas de las muchachas de Bogotá, acompañando los cantos de los bogas en las costas, se hacía oír en el teatro sin ninguna preparación técnica, como la queja musical de los perros; ¡pero cómo hacía llorar!...

Al volver a la tierra. Pelón Santamaría, nimbado por la fama de los discos, se unió a "Cabecitas", Enrique Gutiérrez, y conformó con él otro dúo de historia, que por razón de la época, más reciente, vivió más en el recuerdo de las gentes de Antioquia que el que hiciera con Marín.

Pelón Santamarta fue el autor de "Antioqueñita". Y de muchos otros bambucos inmortales.

Y Pelón y Marín y Pelón y Cabecitas, fueron quienes dieron a conocer entre nosotros muchas de las canciones que regresan remozadas por Luciano y Concholón en este disco.

El repertorio de los Romero, de Wills y Escobar y de Forero y Patiño.

Al volverlos al disco, hemos recomendado conservar el sabor de las grabaciones iniciales. Y hasta donde es posible, dentro de los adelantos que el arte de cantar ha conseguido, el estilo de los creadores y la forma como llegaban enamorados a la ventana coqueta.

En algunos la guitarra y el tiple elementales, simples y sinceros. Abiertos como abierto era entonces el paisaje. En otros con el tenue acompañamiento de bandolas y violines.

Estamos volviendo a viejas épocas con este primer disco de una serie que haremos en homenaje al criollismo y que iniciamos con quienes significaron, repetimos, la cima de la canción que fue.

Producción  y notas HERNAN RTESTREPO

2 comentarios:

  1. HOLA...QUIEN ES EL SEÑOR HERNAN RESTREPO..? ME ILUSTRO MUCHO EN CUANTO A LA HISTORIA DEL BAMBUCO EN COLOMBIA...IMPORTANTISIMA Y AGRADABLE INFORMACION. ME GUSTARIA SABER LA RESPUESTA A MI CORREO: erickmauricio0756@gmail.com .GRACIAS............... Ademas debo incluir sus datos en un trabajo de consulta de universidad para la bibliografia...

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  2. ¡Es verdad que nuestro maravilloso músico Pelón tuvo inconvenientes con la justicia?

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