lunes, 19 de diciembre de 2011

EDUARDO ARMANI -De Baile en Cartagena

Navidad. Medellín.

Ala, como estas
Borrachera
Caracolí
El gavilán
El vendedor de cocos
Kalamary
La buchaca
Las pilanderas
Marbella
Playa
Toca la trompeta Juancho
Tócame el trombón

____


LA BUCHACA


CARACOLI


EL VENDEDOR DE COCOS


LLEGÓ EL COQUERO, QUÉ RICOS COCOS

Liborina es un pueblo de tierra caliente que dormita a la orilla del río Cauca y, posiblemente, está ligado más a los fríjoles que llevan su marca gentilicia que a la exaltación memorable de su mejor cantor popular, Jorge David Monsalve Velásquez, alias Marfil. También usó los seudónimos de Pacho Fecho, Leobardo y Olga Cagnolly , su primera esposa.

Nació en diciembre del 900 y tomó el camino hacia Medellín, donde vendió periódicos y laboró en oficios sencillos, pero como sentía arder en la garganta el canto en su inteligencia y el arte, partió a Bogotá con el fin de alistarse en una compañía de ópera.

Más tarde se trasladó a Buenos Aires por el resto de su vida y allí murió en el diciembre de 1967. Marfil no solo interpretó el cancionero popular, sino que compuso parte del repertorio que, a manera de artista original, montó en duetos como Marfil y Ebano, Marfil y Morales, Marfil y Valencia. Este ultimo conformó otro dueto, Fortich y Valencia, a quienes se les debe la más feliz y conocida interpretación del tema El camino del café, obra de Monsalve Velásquez.

Quizás el tema que mejor identifica a Marfil sea El vendedor de cocos: Cuando vaya a Santa Marta, Cartagena o Barranquilla, no se asuste del calor. Pues se para en una esquina, y si el vendedor de cocos no ha llegado todavía, espere usted, sí señor, y escuche su pregón: llegó el coquero, qué ricos cocos. Llegó el coquero, qué ricos son... .

Este pregón hace parte de un amplio conjunto temático muy propio de América Latina, en especial del Caribe, por medio del cual se canta la oferta de alimentos de consumo general, con énfasis en las frutas, tal como se escucha en canciones de Cuba, Colombia, Puerto Rico, Panamá, República Dominicana y otros.

Valga el ejemplo de El manisero, de Moisés Simons (1928), pregón emblemático cubano. El pregón, así descrito en el mundo latinoparlante, ha sido recogido por el investigador Cristóbal Díaz Ayala en su libro Si te quieres por el pico divertir (1988), en el que hace alusión, no por coincidencia, al tema aludido.

El vendedor de cocos lo grabó Marfil con la orquesta de Eduardo Armani, violinista argentino que figura entre los compositores y directores de tango. Por afecto y admiración a la música colombiana se interesó en nuestros aires, tanto andinos como del litoral Caribe, en los cuales sobresale la voz de Marfil , quien además adicionó algunos de su autoría, como el nombrado pregón de los cocos, Cuidado con el tiburón y Monerías.

Son notables e históricas las grabaciones de Armani y su orquesta de canciones colombianas: San Pedro en El Espinal, de Milciades Garavito, o la Guabina chiquinquireña, de Alberto Urdaneta. Como colombiano sito en la ciudad de Buenos Aires, Marfil se inscribió en Sadaic, Sociedad Argentina de Autores y Compositores, organización que le hizo reconocimiento a su talento.

Con su canción Quítale las balas a tu fusil ganó en Montevideo el primer premio en un concurso de autores latinoamericanos. Incursionó en orquestas de jazz, en otras como la de Don Américo y sus Caribes, que tuvo entre sus vocalistas a Leo Marini, y en la orquesta de Francisco Brunelli. Boleristas como el citado Marini, Hugo Romani, Gregorio Barrios, Fernando Torres y Marión Inclán interpretaron y grabaron temas musicales de Marfil.

Jorge David Monsalve aún revive en los diciembres con su voz aflamencada, dándoles timbre y gracia a los porros, la gran música colombiana, que saca la cara avante de los cocos y no de la coca.

Publicación  eltiempo.com
Sección  Editorial - opinión
Fecha de publicación  30 de diciembre de 2002
Autor  JAIME JARAMILLO PANESSO

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