lunes, 29 de agosto de 2011

CUERDAS QUE LLORAN -Vol.1 Toño Fuentes

Parque Bolívar en 1922
Fotógrafo: Manuel Lalinde
Fotografía del Patrimonio de imágenes de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina

Por lo cual, en 1907, la SMP efectúa un contrato con la Compañía de Instalaciones Eléctricas para que realice la instalación eléctrica para la iluminación del parque, pero el costo mensual del servicio eléctrico de entonces era de 2.500 pesos, un precio alto que hizo necesario elaborar una lista de los vecinos del Parque de Bolívar para solicitarle a cada uno una cuota mensual para el alumbrado, los cuales aportaron su respectiva mensualidad y así la vida nocturna del parque mejoró.6 11

En ese mismo año (1907), la SMP manda a instalar las primeras 6 bancas (de metal y madera) del parque y encarga otras 10 más del mismo modelo.6 Al parecer las bancas fueron móviles y se colocaban dentro de los jardines del parque, lo que ocasiono que un año después (1908) de su instalación, Alberto Ángel, gestor de las bancas, hiciera un reclamo con el fin de fijar de manera definitiva los puestos de las bancas en el jardín, pues con los continuos traslados éstas se estaban estropeando, por lo cual la Sociedad nombró una comisión para velar que los encargados del parque fijaran definitivamente las bancas en el jardín y garantizaran que la luz en el quiosco del parque permaneciera encendida hasta las nueve de la noche en los días de retreta.

01. Al Sur De La Frontera. Canción
02. Ave De Paso. Pasillo
03. Borrachita. Canción
04. Un Viejo Amor. Canción
05. Ojos Indefinibles. Pasillo
06. Nunca. Canción
07. La Barca De Oro. Canción
08. Asómate A La Ventana. Pasillo
09. Las Golondrinas. Canción
10. Ojos Tristes. Pasillo
11. Adiós Mariquita Linda. Canción
12. Quiéreme Mucho. Canción

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LA BARCA DE ORO


AVE DE PASO


ADIOS MARIQUITA LINDA



CUERDAS QUE LLORAN

Quienes han estado en el mundo del disco hace varios años, sabrán que esta serie conquistó la audiencia nacional e internacional. Era la guitarra hawaiana de Antonio Fuentes que se escuchaba en los cines, en los consultorios, en los ascensores, en los almacenes y especialmente en los hogares.

A Antonio Fuentes [Cartagena, mayo 18, 1907 – Medellín, mayo 28, 1985], como músico, sin mencionar sus múltiples aciertos en la creación de orquestas, al impulsar grabaciones, al adelantar gestiones para exportar la música fuera de las fronteras colombianas e imponerlas en el exterior, siempre se le recuerda por su muy amada serie Cuerdas que lloran.

El profesor de música, Alfonso Bardi, de origen italiano, le dio las primeras lecciones de violín a la edad de ocho años. Con apenas 12 años, Antonio Fuentes ya era diestro en su manejo e hizo sus primeras presentaciones en la Catedral de San Pedro Clavel, donde fue admirado por quienes asistían a la misa de 12, en la céntrica iglesia de Cartagena en donde, al lado del órgano, interpretó motetes y obras sacras. Este fue el inicio de un despertar hacia un mundo artístico en el cual él participaría como maestro, innovador, cultor y difusor.

Fue enviado por sus padres a Philadelphia, Pensilvania, en donde cursó estudios de Administración de empresas. Allí recibió clases del maestro alemán Keiskiel, que a su vez era el director de la orquesta sinfónica de esa ciudad. Años después formó parte de esa orquesta como violinista.

Su interés por una guitarra hawaiana fue una casualidad y después se convirtió en su amiga predilecta. Antonio Fuentes acompañaba a su hermano Rafael a recibir clases de este instrumento con el hawaiano Nohaki. El destino o una habilidad interna hizo que Antonio Fuentes y no su hermano, aprendiera el manejo de este exótico instrumento.

“En Estados Unidos aprendí a tocar varios instrumentos de cuerda: la guitarra española, el banjo, la guitarra hawaiana y me perfeccioné en el violín. Cuando en Estados Unidos escuché la guitarra hawaiana, precisamente en Atlantic City, me encanté con ella, y me dije: lo que es ese instrumento lo aprendo. Y abandoné el violín por la guitarra hawaiana, que por cierto para mi mamá fue fatal, ya que ella siempre soñó con un concertista de violín en casa".

La primera guitarra hawaiana la consiguió de madera, en Philadelphia. Muy pronto se hizo a una de metal, plateada, y fue con ella que hizo sus primeras grabaciones, entre ellas, Tristezas del alma. Esta segunda guitarra se la robaron en Medellín. Luego inmortalizaría este instrumento con la serie Cuerdas que lloran, que grabó con una eléctrica y que los americanos llaman guitarra de acero, por el acero que utilizan sobre las cuerdas.

Cuando propuso grabar con su guitarra no faltaron las dudas entre quienes lo rodeaban. La música polinesia, cuya base es la guitarra hawaiana ya había incursionado en el mundo del disco sin buenos resultados por lo monótono de sus melodías.

El investigador musical Hernán Restrepo Duque indicó: “Quizás la primera intervención de carácter estelar fue con aquella Canción del amor pagano, que interpretó Ramón Novarro... las románticas islas hawaianas fueron aprovechadas por los productores de Hollywood... Y por supuesto el disco hizo eco a tales inquietudes, aunque la monotonía de los aires típicos de tales regiones no permitía su comercialización fácilmente, sobre todo, al llegar el disco de larga duración e imponer sus consecuencias”.

Antonio Fuentes no limitó la expresión de su guitarra hawaiana; en su mente habían otras posibilidades distintas a la ejecución de música polinesia. Del amplio catálogo internacional escogió obras inolvidables que con la sonoridad de la hawaiana alcanzaron otra dimensión. Su estilo de tocar este instrumento era totalmente diferente. Él la hacía llorar en verdad, alargando las notas al máximo, no cortándolas como los que tocan este maravilloso instrumento. Ese fue su gran éxito.

“Me demoré en hacer esas grabaciones porque el conjunto que había soñado, las combinaciones que yo quería, eran muy difíciles de reunir. Tenía todos los músicos menos el arpa. Cuando conseguí un buen arpista fue cuando me decidí a grabar el primer elepé”.

En definitiva el proyecto vio la luz el 7 de junio de 1962. De éste larga duración, más que la excelente selección musical, lo que verdaderamente impactó fue la extraña conformación de la agrupación ya que sintetizó en cinco o seis músicos la expresión de la música popular de América Latina.

El conjunto estuvo integrado por guitarra española en las manos de Alejandro «el Pibe» Campos y tiple colombiano con Gilberto López. También le incluyó guitarrón mexicano con John Mario Londoño, acordeón alemán con Alfonso Ospina, arpa paraguaya con Delhuyar Orozco, órgano americano interpretado por José Longas y la guitarra hawaiana.

Para su grabación Antonio Fuentes no escribía ninguna nota; momentos antes de la grabación reunía a los ejecutantes, ensayaba la melodía indicando quien entraba y cuando, y luego todo el grupo grababa. Su hija, Rosario Fuentes Estrada indica: “es notable, hay que decirlo, nunca practicaba y solamente cuando tenía grabación, lo hacía con mucha concentración y gracias a su gran facilidad y talento todo le quedaba bien”.

Llegó después Julio García [Margarita, Bolívar, julio 22, 1917 – Medellín, septiembre, 1993] y realizó los arreglos musicales. Este fue el momento en que Antonio Fuentes agregó el coro del Trío Primaveral, integrado por Teresita Rendón y las hermanas Myriam y Blanca Araque. Sus finas y breves intervenciones fueron arregladas cuidadosamente por el director Julio García y al pasarlas por la cámara electrónica del eco obtuvieron efectos admirables.

Entre otras curiosidades de estas grabaciones, su hijo José María Fuentes indica:

“Cuando mi papá grababa con toda la orquesta junta, ya que en esa época se grababa así y por cualquier error había que repetir el número, como era tan zorro, tenía un secreto: si el viejo quería que la voz saliera con buena presencia y se entendiera la letra, entonces hacía que la orquesta misma bajara el volumen en el estudio –volumen de ejecución–; pero al hacer esto, las altas frecuencias de la orquesta, más que todo el ritmo, se perdían un poco. Para arreglar este problema, como en esa época yo era el que cortaba, cuando la orquesta bajaba el volumen, yo en el corte, sólo en esa parte, le subía al ecualizador en las altas frecuencias. Así salía con un brillito la voz y el ritmo también”.

La primera selección musical de Antonio Fuentes se tituló Cuerdas que lloran volumen 1, nombre que el mismo Toño Fuentes le dio a su colección. Después de este volumen le siguieron 20 elepés, tres álbumes y cinco discos compactos.

Información y prensa: dfprensa@discosfuentes,com

Medellín, mayo 2009

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